
Este mes he lanzado a la magnífica comunidad de grandes profesionales con valores que es Protagonistas el reto de reflexionar acerca del más grande valor del ser humano: la libertad. Seguramente se nos concedió como prueba de altísima confianza en nuestra capacidad de usarla adecuadamente, del mismo modo que nosotros vamos ensanchando los límites de maniobra de nuestros hijos a medida que van creciendo y vamos observando qué uso hacen de ellos.
La cuestión es dónde están esos límites. Siempre he sido defensora de la máxima libertad, no solo porque es nuestro derecho de cuna, sino porque las sociedades que restringen la libertad se infantilizan, y siempre ocultan algún interés oscuro que la constriñe en aras de la «seguridad»… O más bien del abuso por parte de los que se han hecho con algún tipo de poder, pues saben de buena tinta que la libertad es un valor que para dominar estorba.
Vivimos tiempos turbulentos. A pesar de ser ciudadanos de países libres, democráticos, todos sufrimos el peso de unas leyes exhaustivas, excesivas, una presión fiscal asfixiante, una libertad de expresión en entredicho y, lo que es más preocupante, una libertad de pensamiento en cuestión, pues las bases sobre las que esta se construye se están desmoronando (la citada libertad de expresión es una de ellas, pues si no se puede nunca decir lo que se piensa se acaba lógicamente dejando de pensar, y otra podría ser la falta de uso del cerebro pensante por adormecimiento, fenómeno creciente en sociedades del bienestar donde todo se nos da masticado y un exceso de tecnología termina de rematar la jugada).
Creo fervientemente que los libros nos hacen libres, y de hecho es la razón por la cual soy editora. Uno de mis mejores autores, Javier Fernández Aguado, referente internacional en el gobierno de personas y organizaciones, y formidable arqueólogo del management e inspiración fundamental de la comunidad de Protagonistas, seguramente guiado por consideraciones similares se ha atrevido a adentrarse en las cavernas de la mente de un personaje como Stalin en un fascinante ensayo que recomiendo leer a todos, titulado Entrevista a Stalin (Kolima), y especialmente a los incautos que todavía ignoran el peligro que para la libertad suponen los cantos de sirena de manipuladores altamente eficientes, capaces de colocar cualquier mensaje o desatino si es en beneficio de sus propias agendas.
Stalin es el paradigma del líder manipulador. Asombra que aun hoy algunos se inspiren en el sistema que él defendió después de haber asesinado a millones y haber doblegado el alma de la nación rusa en su beneficio. Si queremos preservar nuestra libertad tenemos la responsabilidad de formarnos, aprender de los errores del pasado, cultivar un discernimiento diáfano, libre de los dogmatismos y el aborregamientos a los que algunos quieren someternos. La defensa de la libertad puede comenzar hoy por algo tan sencillo como leer un buen libro como Entrevista a Stalin.

Marta Prieto es abogada, MBA, fundadora de Editorial Kolima y del Centro de Talento Creativo. Tras una carrera en banca y consultoría, creó su empresa de formación y se convirtió en referente en liderazgo con valores. Coach certificada, autora y conferenciante, promueve el crecimiento personal, el liderazgo, la espiritualidad y novelas con valores.