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Integridad | Por Núria Correig

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20 julio 2026
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Cuando desde Protagonistas nos propusieron escribir sobre la Integridad de lo primero que me di cuenta es de que tenemos entre manos un valor en mayúsculas. Un valor que nos recuerda de manera contundente que no todo vale.

Si vamos al diccionario de la Real Academia Española y buscamos sus antónimos nos encontramos con 2 palabras rotundas: deshonestidad y corrupción. Si buscamos sus sinónimos nos muestra: honradez, probidad, honestidad, rectitud, decencia, dignidad, lealtad y entereza.

Así que si, estamos ante un valor esencial del liderazgo humanista. Y, comprendí, que ser integro, es una decisión personal e íntima. También tomé consciencia de que ser integro es una decisión radical: o lo eres o no lo eres. Porque lo que entra verdaderamente en juego es nuestra honradez, nuestra honestidad, nuestra decencia, nuestra lealtad, y estos valores aquí listados entienden muy poco de matices.

Hasta aquí nos hemos movido en el marco conceptual y reflexivo. No obstante, al abandonar el papel, entrar en la realidad y tener que pasar a la acción es cuando la cosa se vuelve compleja porque entra en el juego el gran protagonista: el contexto, que es quien nos marca las reglas de juego. Es el contexto el que nos limita o nos potencia, quien nos da un papel protagonista o nos da un papel de reparto, quien nos da capacidad de acción o nos deja en el banquillo.

Y ahora propongo poner foco en una de las cosas que habitualmente le prestamos poca atención y es que el paradigma que impera (cómo el grupo entiende la realidad, lo que considera válido, normal y/o posible) no tiene por qué coincidir con nuestro modelo mental (conjunto de creencias supuestos y patrones de pensamiento que cada persona usa al actuar). De hecho, el paradigma de la organización y nuestro modelo mental pueden entrar en conflicto tan tranquilamente y pasa muy a menudo

Así que al pasar a la acción nos toca armonizar:

  • nuestra capacidad de acción,
  • lo que nos permite el sistema,
  • nuestros valores y
  • el riesgo que queramos o podamos asumir.

No es una ecuación fácil de resolver. Aquí me viene a la mente una conversación con un grandísimo líder y directivo a quien admiro profundamente, que me confeso: me ha pasado que he tomado decisiones por las que me han criticado mucho, pero es que la gente no sabía que las otras opciones que había eran mucho peores para ellos y la organización”.

Ser integro requiere de prudencia, de entereza y de humildad. Virtudes muy fáciles de escribir y no tan fáciles de sostener. ¿Os imaginas su diálogo interior antes de tomar la decisión? En todos los puntos de reflexión, las dudas, dilemas que se le presentaron y que no podía compartir. Es en esta soledad donde la integridad se presenta sin filtros y con toda su crudeza. Es cuando te encuentras con ella cara a cara y tienes que decidir si actúas alineado a ella o no. Ser integro te hace asumir tu responsabilidad y no buscar culpables, ni justificar ni reescribir la historia, ni ocultar información.

Y siendo una gran defensora de la integridad no puedo dejar de preguntarme ¿Qué precio implica la integridad?, ¿quieres y puedes asumir este precio? ¿puedes sostener ser integro o representa un final? Las respuestas a estas preguntas dependerán de cada situación, del momento vital en el que estemos, de lo que nos juguemos, de nuestros valores y de cómo vivamos el hecho de ser coherentes o no con ellos.

Nuria Correig

Núria tiene una base de formación científica (Ciencias Químicas) que le ha dado la capacidad de estructurar la información y saber discernir. Apuesta por una formación constante y de excelencia en escuelas de negocio como Esade así como con programas innovadores como Pasion to Value dirigido por Albert Bosch.

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