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Responsabilidad: cuando compromiso y coherencia se encuentran | Por Alberto Garzón García

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7 agosto 2026
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En multitud de ocasiones he escuchado expresiones como “ese no es mi problema”, “a mí nadie me había dicho nada”, “no estaba claro quien tenía que hacerlo”, “¿quién ha sido?” o “hicimos lo que pudimos”. Aunque parecen diferentes todas tienen un denominador común, todas intentan alejar a quien las pronuncia de sus responsabilidades. Unas buscan justificarse, otras se centran en buscar culpables y algunas simplemente intentan diluir la responsabilidad con el fin de hacerla desaparecer.

Ser responsable habla fundamentalmente de la capacidad para reconocer y aceptar las consecuencias de nuestras decisiones, de nuestras acciones e incluso, en muchas ocasiones, de nuestras omisiones. Además, no podemos obviar que la responsabilidad se construye en base a dos pilares: el compromiso y la coherencia.

El compromiso actúa como el motor que nos impulsa a la acción. Es aquello que nos lleva a asumir un objetivo como propio, a involucrarnos plenamente y a perseverar incluso cuando aparecen obstáculos y dificultades. Sin embargo, el compromiso por sí solo nunca es suficiente, y entonces es cuando entra en juego la coherencia.

La coherencia alinea lo que pensamos, con lo que decimos y lo que hacemos. Es el puente que une las palabras con los hechos, es la base de la credibilidad y la confianza. La coherencia es la que nos obliga a responder desde la responsabilidad por nuestras acciones y a mantenernos fieles a nuestros compromisos.

A menudo pensamos que los líderes son responsables porque tienen autoridad jerárquica, pero la realidad es justamente la contraria. Se les reconoce la autoridad en la medida en que demuestran asumir su responsabilidad, se la ganan. Cuando un líder reconoce un error, afronta una conversación difícil o asume una decisión compleja sin esconderse tras las circunstancias o las personas, refuerza su credibilidad y fortalece su legitimidad.

Por otro lado, es importantísimo centrarnos en uno de los grandes males de la actualidad, la falta de responsabilidad por omisión. Ya lo decía Martín Lutero “no somos responsables sólo de aquello que decimos, sino también de lo que no decimos”. En las organizaciones, muchos problemas no nacen de decisiones equivocadas, sino de conversaciones que están pendientes de hace meses, de conflictos ignorados o de comportamientos disruptivos tolerados desde siempre.

Por eso, la ausencia de responsabilidad conlleva un coste muy elevado, aunque con frecuencia invisible en un primer momento. En ocasiones, las organizaciones pueden caer en una dinámica en la que las personas dedican más energía a justificarse que a mejorar. Entonces las conversaciones se vuelven defensivas y la innovación pierde fuerza porque nadie quiere asumir riesgos.

Entendida de este modo, la responsabilidad deja de ser una exigencia externa para convertirse en una elección interna. No depende del cargo, de la edad o de la experiencia, depende de la voluntad consciente de actuar con compromiso, coherencia y con propósito.

Quizá por eso el liderazgo comienza mucho antes de dirigir a otros, comienza en el momento en que dejamos de preguntarnos quién debería hacer algo y nos preguntamos qué nos corresponde hacer a nosotros.

Debemos tener claro que los líderes no pueden tener todas las respuestas, pero si deben asumir las consecuencias de sus decisiones. Al final, la gran diferencia entre dirigir personas y liderarlas no está en el poder que se posee, sino en la responsabilidad que están dispuestos a asumir.

Y ahí reside la verdadera llamada a la acción, actuar con el compromiso de quien sabe que sus decisiones importan y con la coherencia de quien está dispuesto a responder por ellas desde la responsabilidad.

Alberto Garzón García es psicólogo especializado en gestión del estrés y ansiedad, con más de 25 años de experiencia en formación y consultoría

Ha diseñado estrategias para mejorar la resiliencia y el bienestar en entornos laborales, promoviendo el aprendizaje continuo y la gestión efectiva del talento. Actualmente, colabora con FUNDAE y ha trabajado en organizaciones como Cesi by
Criteria. Su enfoque se centra en fortalecer a las personas para enfrentar desafíos con confianza, convencido de que el éxito empresarial depende del desarrollo y bienestar de los equipos.

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