
«Yo me encargo de x», «déjalo en mis manos», «ya me ocupo yo» son frases que usamos muy a menudo y que transmiten que aceptamos las consecuencias de nuestras decisiones y acciones. Habitualmente las decimos convencidos y las proclamamos con convicción porque tenemos la seguridad de que podremos conseguir aquello a lo que nos hemos comprometido.
Sin embargo, también nos encontramos ante situaciones en las que nos vemos entre la espada y la pared ante un: «de esto te encargas tú», «consigue x» o «no me vengas con excusas», sabiendo que no tenemos ni las herramientas, ni la posición, ni la influencia necesaria para conseguir el resultado que se espera de nosotros, por mucho que nos dejemos la piel en intentarlo.
Son situaciones radicalmente opuestas que nos permiten reflexionar sobre el concepto de responsabilidad, que tiene miga, y mucha.
Me vienen dos preguntas a la mente:
1.- ¿Con qué tipos de responsabilidad nos las tenemos que ver habitualmente?
2.- ¿Cómo decidimos asumir la responsabilidad?
La primera pregunta la podemos responder planteándonos qué me corresponde, de qué debo responder y qué hago con la capacidad de acción que tengo:
La segunda pregunta ya no es tan sencilla de responder porque entran en juego tanto los valores propios como el contexto en el que nos encontramos. La responsabilidad entiende poco de retórica; se demuestra en cómo actúas.
Ante la pregunta de cómo decidimos asumir la responsabilidad, he recurrido a Hannah Arendt (1906-1975), filósofa y pensadora política alemana de origen judío que analizó el totalitarismo, el poder, la libertad y la responsabilidad individual y colectiva. La descubrí a través de la película Hannah Arendt, dirigida por Margarethe Von Trotta (2012) y disponible en Filmin.
El planteamiento de Arendt respecto a la responsabilidad se podría resumir de la siguiente manera:
El contexto, las normas y la actuación de los demás pueden limitar nuestra capacidad de acción, pero no eliminan nuestra opción de pensar, juzgar y decidir qué posición adoptamos.
Decidimos cómo queremos vivir y actuar. Que lleguemos a ser considerados personas responsables dependerá de cómo sostengamos esa decisión.

Núria tiene una base de formación científica (Ciencias Químicas) que le ha dado la capacidad de estructurar la información y saber discernir. Apuesta por una formación constante y de excelencia en escuelas de negocio como Esade así como con programas innovadores como Pasion to Value dirigido por Albert Bosch.