
Según el uso común, la responsabilidad es una característica que poseen algunas personas, tildadas de responsables y no otras a las que se les llama irresponsables. Además se tiene la creencia común que es algo que tienen (o deberían tener) las personas a medida que van madurando, presuponiendo que los niños no la tienen y que los adultos van consiguiéndola (a veces). Se supone que responde a gente que "hace lo que se supone que debería hacer" en lugar de lo que le dé la gana. Un ejemplo de esta acepción clásica de responsabilidad sería un padre que trabaja más allá de lo que le gustaría para poder proveer una vida digna para sus hijos, y al revés sería irresponsable si se dedica a irse de juerga sistemáticamente, desatendiendo su hogar, o eventualmente abandonándolo a su suerte.
La culpa es un invento humano que no existe en la naturaleza, ningún animal es ni se siente culpable por sus actos. Y además es algo que solemos proyectar fuera, si no estamos de acuerdo o satisfechos con un evento de nuestra vida, o con la vida misma, es bastante frecuente proyectar la causa fuera, ya sea en otra persona o en las circunstancias vitales que nos haya tocado vivir, o en este caso sufrir. También somos capaces de sentir la culpa en nuestras propias carnes, cuando consideramos que nos hemos comportado de forma no acorde a la programación social que tenemos. Así en algunas culturas habrá hombres orgullosos de su harén mientras en otras habrá hombres que se sientan culpables de mantener relaciones con mujeres diferentes de forma simultánea.
El principal problema radica en la creencia de que somos víctimas de nuestras circunstancias. Lo que me pasa es por culpa de otro o de mi vida que no me ha dejado florecer como a otros con mejor fortuna. Es imprescindible para comprender lo que es la responsabilidad salir de ese paradigma de víctima y adentrarse en el de maestro. Soy yo quien provoca mis circunstancias y los demás se limitan a reflejar lo que yo ya llevo dentro. Además, y esto puede ser controvertido según las creencias de cada cual, hemos decidido encarnar en este cuerpo y en esta vida con estas circunstancias desde antes de ocupar un avatar físico humano, con lo que no hay nadie a quién culpar y sí mucho que aceptar, o asumir. Como dice el maestro Sergi Torres, si no eres capaz de recordar esa decisión, y por tanto no eres capaz de asumirla, sí que puedes asumir sus efectos (aceptar tu realidad de vida) y el resultado vendrá a ser el mismo.
Cuando se esboza esta idea, no faltan opiniones que salen a su paso, utilizando además casi siempre los mismos ejemplos, mujeres violadas o maltratadas, o niños que nacen en la franja de gaza, acompañado de la frase "¿me vas a decir que tienen la culpa de lo que les pasa?". En general quién así formula no comparte ese destino tan difícil, y sin embargo se ofende y mete el concepto de culpa injusta. Los individuos que sí estén viviendo tales circunstancias, por tanto, presumiblemente tendrían aún más derecho para ofenderse ante tales ideas. Sé que todo esto puede resultar ofensivo, lo cual no es mi intención, pero lo formulo porque también sé que puede resultar liberador, y eso es útil.
Lo primero, nadie dice que tengan la culpa de nada, ese concepto como avancé más arriba es un invento humano y no existe en realidad.
Lo segundo, por la ley de correspondencia, cada ser vivirá las circunstancias que le correspondan (las que haya decidido vivir en una encarnación concreta y que obedecen a su aprendizaje), y por la de vibración atraerá hacia sí mismo circunstancias que vibren en la misma frecuencia que la que emite. Esto es la base de la tan de moda "Ley de atracción". Sí, atraemos todo lo que ocurre en nuestra vida, pero no según nuestros deseos o pensamientos o afirmaciones repetidas como predica algún creador de best sellers, sino según nuestra esencia. Atraes lo que eres. No lo que quieres. Así vibras, así atraes.
Y de nuevo, no tiene nada que ver con tener la culpa. Pero sí, (y aquí vuelvo a introducir el concepto del título), con la responsabilidad. Nadie es culpable de lo que le ocurre, ni se lo tiene merecido, ni nada de eso, pero sí que cada uno es responsable de lo que acontece en su vida, y ahí no hay distinción de edades ni de culturas ni de nada.
De este modo entendemos responsabilidad de forma etimológica directa como la "habilidad para responder". Esto es más obvio aún en inglés, response ability.
Nadie puede responder en tu vida por ti, como nadie puede comer ni respirar ni hacer nada realmente importante en tu lugar, por lo que la habilidad de responder siempre es de uno mismo. Visto de ese modo, todos somos responsables, no es ya una característica, un adjetivo selectivo, sino una circunstancia ineludible. Se podrá estar más o menos de acuerdo con esta exposición, pero eso no hará que uno se pueda escabullir de ello, aunque no creas ser responsable de tu vida, seguirás siéndolo. De esta forma, si realmente alguien desea transformar algo de su vida, lo mejor y más rápido es abrazar esta idea cuanto antes y mejorar su frecuencia vibratoria, ya que todo lo que proyecte estará relacionado con ella.
Cada vez se ven más mentores en redes sociales, valgan como ejemplos Pablo André o Rodrigo García Platas, que tienen comprobado con centenares sino miles de clientes, que los traumas que cada uno lleva encima desde la infancia son los causantes de los bloqueos no solo de la psique de los individuos, sino de la realidad de sus negocios, techos de facturación, etc.
Como rezaba el oráculo de Delfos "conócete a ti mismo", lo más sanador es conocer qué nos ha traumatizado, y responder a ello con un nuevo enfoque, una nueva vibración, que desbloqueará la realidad proyectada y la transformará de acuerdo a esa nueva vibración. Esa respuesta, eso es la responsabilidad. Y ser responsable del 100% de lo que acontece en tu vida, lejos de ser una maldición o una cárcel en la que ya no puedes culpar a otros, es una herramienta maravillosa que te permite coger el timón de tu vida y llevarla a donde siempre tuvo que estar.
Ojalá sepamos aprovecharla, yo el primero.

Daniel nació en Madrid en 1973. Es ingeniero de telecomunicación, controlador aéreo y panadero y pastelero. Lleva 24 años viviendo en Canarias y tiene 4 hijas. Pero, como dice él, «en realidad todo eso da igual, porque nada de eso lo soy ni lo tengo, y además todo eso se desvela en el relato. Lo que al final importa es que eso no es lo que somos, sino las etiquetas con las que nos identificamos. Lo que somos es más esencial».