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El camino hacia la serenidad | José Javier Torre

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23 abril 2026
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Uno de los más influyentes filósofos chinos del siglo IV a.C., Chuang Tsé, pronunció la siguiente cita: “el que quiere vivir del placer sin el dolor, y el orden sin el desorden, no entiende las leyes del cielo y la tierra.” Sin embargo, el ser humano busca como principal motivación maximizar el placer y minimizar el dolor, queriendo invisibilizar cualquier atisbo de sufrimiento. Lo cual es imposible, porque todos venimos equipados con una carga fija de placer y de dolor que en el transcurso de la vida disfrutaremos y soportaremos, respectivamente. Ya lo dijo Buda, en una de sus Cuatro Nobles Verdades: el sufrimiento existe.

Aun así, nuestra mente se rebela continuamente ante esta situación. Por un lado, porque a la mente le gusta pensar que tiene el control. Qué puede manejar la vida a su antojo, y que las cosas salgan como desea. Control sobre el dinero, el poder, la influencia sobre los demás, las relaciones con las que interactúa, etc. Por eso, sufre cuando ese control, manifestado en múltiples deseos no se hace realidad. Entonces, el ser humano busca una fórmula milagrosa estrujando la mente para lograr la consecución del deseo.

Por otro lado, la mente busca otros dos aspectos relevantes para poder vivir en este mundo, y con los que va construyendo la identidad o el ego: la seguridad y el reconocimiento. Seguridad sobre nuestras circunstancias personales (familia, trabajo, salud...) y el reconocimiento social, profesional, personal... Cuando la mente es incapaz de asegurar el control, la seguridad o el reconocimiento, aparece la ira y el enfado, una emoción y el subsiguiente sentimiento que impide alcanzar la paz mental. Entonces, la mente se agita y aparece el desasosiego, la inquietud y el nerviosismo.

Y ante esta incapacidad de nuestra mente por mantener el control, la seguridad o el reconocimiento, apelamos a la serenidad, como receta mágica para afrontar las adversidades que aparecen en el día a día y que nos alejan de lo que queremos y deseamos. De sobra conocida es la oración de los alcohólicos anónimos: “Universo, dame serenidad para aceptar aquellas cosas que no puedo cambiar. Coraje para cambiar aquellas que si puedo. Y sabiduría para reconocer la diferencia.” Sin embargo, la serenidad no cae del cielo, ni es una virtud que unos tengan la fortuna de recibirla y otros no. La serenidad está dentro de cada uno de nosotros, la cuestión es qué hay que hacer para encontrarla.

La serenidad está asociada a otras virtudes como la calma, la templanza, la paciencia, la espera...Todas ellas nos hablan de lo mismo: conservar un estado de ánimo que nos ayude a soportar situaciones que no se ajustan a nuestros deseos y que en muchas ocasiones se traducen en circunstancias manifiestamente adversas. Decía el mismo filósofo chino Chuang Tsé que “el Universo entero se somete a una mente sosegada”, pero cómo lograr esa serenidad.

Ni las palabras, ni las citas, ni los libros, ni las reflexiones, ni los testimonios de mentes serenas, nos van a permitir alcanzar dicho estado.

Uno de los principios centrales del taoísmo, filosofía y tradición espiritual china, es el Wu Wei, definido como “no acción” o “acción sin esfuerzo”. Este concepto, esquivo y difuso para nuestras mentes occidentales, no significa inactividad, sino actuar en armonía con el flujo natural de la vida. No requiere forzar las cosas ni luchar innecesariamente contra las circunstancias. Y la metáfora que utiliza es la del agua, porque es suave, pero capaz de perforar la roca por su constancia y capacidad de adaptación. No son casualidad, las palabras del príncipe Siddhartha Gautama Buda refiriéndose al agua: “Una sola cosa aprendí del río: esperar, tener paciencia y escuchar”.

Y ¿cuál es la aplicación práctica o la acción en la que se materializa el Wu Wei? En primer lugar, detenerse y respirar. Ante un conflicto, nuestra mente controladora y ansiosa se lanza a la acción casi de manera inmediata. Porque a nuestro ego no le gustan los conflictos ni que las cosas no salgan como quiere. De hecho, siempre busca tener razón o evitar el dolor y el sufrimiento. Sin embargo, el conflicto es ante todo una invitación para detenerse, respirar profundo y observar antes de actuar. De hecho, la Vida nos para con conflictos de diversa índole (de trabajo, de relaciones o de salud) precisamente para que nos paremos a hacernos grandes preguntas como, por ejemplo: ¿qué quiere decirme la vida con esto que me está sucediendo?

Ahora bien, antes de preguntarnos y volver a meter la mente para resolver estas situaciones, conviene respirar profundamente. Y aquí está una de las claves para alcanzar la anhelada serenidad: la respiración consciente.

Buscar la respuesta en la mente, es querer alcanzar la solución en el mismo lugar donde se originó el problema, y como dijo acertadamente Albert Einstein, “no podemos resolver un problema de la misma manera que cuando lo creamos”. La solución no llega con una mente agitada. La solución llega cuando somos capaces de aquietar la mente. Y cuando la mente se aquieta aparece la anhelada serenidad.

En segundo lugar, soltar el control. Esto es complicado para la mente controladora e impulsiva, pero necesitamos aprender a confiar en el proceso natural de las cosas y actuar sólo cuando hay que actuar. A veces, toca parar, esperar y tener paciencia.

La vida no siempre es una batalla que hay que ganar, a veces es un río que hay que aprender a navegar. Aprender a decir no sin culpa, evitar los excesos o simplificar la vida reduciendo compromisos innecesarios son acciones que nos llevan a un estado de paz interior. Aunque inicialmente no nos guste y nos sintamos mal, porque lo que estamos haciendo en romper rutinas y comportamientos aprendidos e instaurados desde hace mucho tiempo.

Y, en tercer lugar, escuchar nuestro mundo interior. Para escucharnos, necesitamos silenciarnos y esto se logra a través de la respiración consciente. Cuando realizamos la práctica de la respiración consciente de forma habitual, comenzamos a conectar con el cuerpo. La expresión “habitar el cuerpo”, nos recuerda la importancia de estar conectado con el momento presente para actuar con intuición, con esa sabiduría interna que todos llevamos dentro y que está más allá de nuestra mente o el ego.

Por eso, no es necesario buscar la serenidad ni trabajarla leyendo manuales sobre cómo alcanzar la serenidad. Simplemente, respira hondo y acalla tu mente dejando ir los pensamientos, sin luchar contra ellos o resistirte a que aparezcan. Entonces la serenidad aparecerá delante de ti, sin tener que haber hecho nada, sólo la “no acción” o “acción sin esfuerzo” del Wu Wei, a través de la respiración consciente.

Economista por la Universidad Complutense, inició su carrera en el sector de Tecnología de la Información, ocupando diversos puestos de responsabilidad. Con certificaciones en coaching ejecutivo y metodologías como Lego Serious Play, se especializa en inteligencia emocional, liderazgo y transformación cultural. Desde 2014 lidera Torre Conecta, ayudando a equipos a desarrollarse en empresas como Accenture e ING. Profesor en EAE Business School y autor de TEAM UP, GROWIN’ UP, LA RECETA DEL CAMBIO Y MI PRÓXIMA PARADA, promueve un liderazgo más humano basado en comunicación, escucha y gestión emocional.

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