
Recuerdo, allá por septiembre de 2005, el difícil momento de asumir y decidir mi retirada del ciclismo profesional. El miedo al día después de una vida entregada al deporte de alta competición hizo que esta decisión fuese la más difícil que tuve que tomar como deportista profesional.
En mis 11 años en el deporte de alta competición, pasas por diferentes adaptaciones: adaptación física y deportiva, adaptación mental o adaptación a la responsabilidad son algunas de ellas. En mi caso, esta última adaptación la desarrollé de forma especial cuando alcancé una posición de liderazgo dentro de los equipos a los que pertenecí durante seis años de mi carrera profesional.
En las grandes competiciones, como la Vuelta a España o el Tour de Francia, el equipo giraba alrededor de mi liderazgo. Ser líder significaba mucho más que llevar un dorsal diferente o asumir un determinado protagonismo. Significaba ser consciente de que mis decisiones y mi comportamiento tenían consecuencias en los demás.
Pero había algo más: esa responsabilidad se contagiaba.
Se contagiaba a mi entorno más cercano. Mi familia y mis amigos se hacían partícipes de ella y me acompañaban en el camino. En casa, el descanso, la alimentación y todo aquello que ayudara a crear un entorno adecuado para competir al máximo nivel era impulsado también por mi mujer, fiel cómplice de mi rendimiento físico y emocional. Mis amigos, desde una empatía infinita, procuraban crear encuentros y situaciones en las que esa responsabilidad y esos cuidados no se vieran amenazados.
La responsabilidad también se construía dentro del equipo y estaba acompañada de los valores que te identifican: serenidad, paciencia, confianza, compromiso y trabajo en equipo. Ser líder no consistía únicamente en rendir al máximo, sino también en acompañar a tus compañeros, especialmente cuando aparecía una situación imprevista o cuando las cosas no salían como esperábamos.
Y entonces aparecía una pregunta inevitable:
¿Qué sucedía cuando los objetivos no se cumplían? ¿Qué ocurría cuando todos los esfuerzos realizados, con responsabilidad y compromiso, no eran suficientes para alcanzar la meta?
En mis dos últimos años como profesional, llegaron nuevos grandes ciclistas al equipo, como Roberto Heras, ganador de cinco Vueltas a España, quien asumió el papel de líder. En las competiciones en las que Roberto estaba, pasé de líder a gregario, acompañándole en las victorias de las Vueltas a España de 2004 y 2005.
¿Había cambiado algo en mi responsabilidad?
Nada. Solo había cambiado mi rol dentro del equipo.
Y esa fue, probablemente, una de las grandes enseñanzas que me dejó el ciclismo: la responsabilidad no es propiedad del líder. La responsabilidad pertenece a cada integrante del equipo.
Un líder responsable construye un equipo responsable. Y un equipo responsable aumenta enormemente sus posibilidades de alcanzar los objetivos que se propone.
Cuando mi rol cambió y pasé a ser gregario, mi función principal era cuidar del líder. Para hacerlo, debía llegar a las competiciones en mi mejor estado, como lo hacía como líder. Tenía que entrenar, descansar, cuidar la nutrición y todos aquellos detalles que estaban en mi mano para cumplir con mi función. Lo único que había tenido que desarrollar era mi adaptación mental a mi nuevo rol, el de gregario. Mi responsabilidad seguía intacta.
El deporte me enseñó que los comportamientos se transmiten, se contagian. Y hoy, como CEO de Kirolife, utilizo el contagio para impulsar la responsabilidad entre las personas del equipo. No se trata únicamente de conseguir resultados. No se trata solo de crecer, vender más o aumentar los beneficios. Se trata de construir organizaciones en las que cada persona entienda que su responsabilidad individual tiene un impacto en el resultado colectivo.
Porque, al igual que en el ciclismo, nadie llega realmente solo a la meta.
Podemos exigir responsabilidad, pero, sobre todo, la podemos contagiar.

Igor González de Galdeano (Vitoria-Gasteiz, España, 1973) es conferenciante y consultor. Exciclista profesional y maillot amarillo, es licenciado en ciencias de la educación y del deporte. CEO de Kirolife, firma especializada en trasladar desde el deporte enseñanzas y aprendizajes útiles para organizaciones privadas y públicas.
Tras una profunda formación personalizada en management, diseñada específicamente para él por JavierFernández Aguado, aborda temas como el liderazgo, el desarrollo de hábitos, la resiliencia o la gestión de equipos de alto rendimiento.