
Sin duda, la empatía es un valor que tengo en la lista de los valores sobre los que quería reflexionar, pues es un concepto que nos gusta a todos, deseable, apetecible hasta etimológicamente (se parece a simpatía). Todos queremos ser empáticos, y ahora que se ha puesto de moda el coaching hablamos de escucha empática, empatía a raudales. Tal vez por eso lo he estado evitando, por trillado. Pero cuando, en una interesante conversación con Erik Villa, me propuso que pusiéramos foco en este valor, acepté de inmediato, porque no por trillado resulta menos necesario reivindicarlo y seguramente volver a dotarlo de todo su verdadero significado.
Sabemos (algunos aún no, pero recomiendo que lean y estudien al respecto, es importante) cada vez más cómo funciona nuestro cerebro, nuestras emociones, nuestros sesgos, nuestros automatismos y cómo cada individuo percibe la realidad de una forma muy subjetiva y única. En ese escenario, la empatía —ponerse en los zapatos del otro, sentir como el otro, ver la vida como el otro— parece algo inalcanzable. Pero no creo que hablar de empatía signifique tanto perseguir algo imposible, sino más bien simplemente prestar una atención genuina y sincera al que tenemos enfrente. La mera intención de hacerlo, la predisposición a sobreponernos a nuestros juicios y prejuicios, creo que representa un gran paso al frente. Porque ponerse en modo empático ya es sí mismo algo de enorme valor. Implica de verdad querer entender e ir más allá de nosotros mismos, abrir nuestra mente y nuestros sentidos, y preocuparnos de los demás, incluso aunque nunca lo logremos. El mero hecho de querer hacerlo es suficientemente bueno. Y si no intenta reducir el mundo a dos categorías: los que se miran el ombligo y los que se preocupan de los demás, y verás la empatía como el puente que hay que tender para cruzar la brecha que separa a las personas. Algo nada desdeñable por cierto en un mundo en el que se nos está abocando a una polarización suicida.
Y, como en otras ocasiones, se me ocurren dos buenos libros sobre el tema de la empatía: la maravillosa novela que acaba de publicar Sergio Ramiro, Te apuesto la vida, no puede ser más empátíca. Es un fabuloso viaje para abrir la cabeza y el corazón. Y, como uno de los retos a los que nos enfrentamos hoy en día es la gigantesca brecha intergeneracional que se está abriendo, os propongo el estupendo libro al respecto de Cristian Viladons, Construyendo puentes, donde la empatía juega un papel fundamental a la hora de acercar el talento de distintas generaciones.

Marta Prieto es abogada, MBA, fundadora de Editorial Kolima y del Centro de Talento Creativo. Tras una carrera en banca y consultoría, creó su empresa de formación y se convirtió en referente en liderazgo con valores. Coach certificada, autora y conferenciante, promueve el crecimiento personal, el liderazgo, la espiritualidad y novelas con valores.