
Casi por casualidad descubrí cómo la ciencia y la filosofía pueden explicar conceptos tan aparentemente alejados de ellas como el liderazgo. Explorando las teorías que tratan de explicar el universo, me topé con el modelo de universo cíclico que declara que el universo no existiría una sola vez, sino que pasaría por ciclos infinitos de nacimiento, evolución y reinicio. Parece increíble pensar que todo lo que hoy sabemos que existe en el universo algún día se apagará y, como si de la nada, volverá a su origen. Esta idea me conecta con la pregunta de qué pasaría si mi vida se repitiera una y otra vez, como ocurriría con el universo en esta teoría de la cosmología. Inevitablemente mi pensamiento me traslada hasta la filosofía con la idea del eterno retorno sobre el que Nietzsche nos hace reflexionar y es que, si tuvieras que vivir esta misma vida, con todo lo bueno y lo malo, infinitas veces… ¿la aceptarías o la rechazarías?
Dejando a un lado cualquier base científica o reflexión filosófica, esta idea me conecta directamente con un valor fundamental en el liderazgo: la libertad. Y en concreto la libertad de elegir.
La expresión de la libertad en el liderazgo requiere que cada individuo tenga la posibilidad de mostrar autenticidad. Lejos de modelos arcaicos de liderazgo donde cada nuevo jefe se fijaba en el anterior para reproducir cada movimiento y repetir los mismos errores, hoy más que nunca necesitamos líderes que se muestren desde el SER. Este liderazgo caracterizado por la coherencia nos llevará a transitar por el camino de la soledad en ocasiones, generar tensiones y plantarle cara al conflicto e incluso tener que decidir abandonar algún que otro lugar. Seguramente tendremos que esperar un tiempo para poder mirar atrás y reconocer que toda aquella incomodidad mereció la pena.
En la otra cara de la moneda, el PARECER implica replicar modelos ajenos, buscar la aprobación continua de los demás, tratar de encajar y evitar el conflicto. Este podrá mostrarse como un camino mucho más cómodo a corto plazo, si bien el peaje que tendremos que pagar internamente será mucho más alto.
La libertad del líder empieza cuando decide desde dónde mostrarse.
No podemos controlar todo aquello que nos rodea, pero si podemos elegir qué hacer con ello. Jean – Paul Sartre defiende que no eliges nacer en unas condiciones u otras, pero sí eliges qué hacer con ellas. En otras palabras, el autoliderazgo exige elegir el “hacerse cargo”.
Al posicionarnos como víctimas renunciamos a nuestra libertad para elegir. No se trata de obviar que nos podemos encontrar con decisiones que consideramos injustas, con escenarios o contextos desfavorables. La libertad reside en atender a estas condiciones sin caer en el victimismo. Apoyándonos en nuestra capacidad de acción y tomando responsabilidad sobre lo que está en nuestra mano.
La velocidad de nuestros días, los cambios continuos y vagar por la vida en modo supervivencia, lleva a muchos profesionales a dejar su carrera a la deriva. Dejar en manos de otros las decisiones sobre la carrera profesional es algo del pasado. Hoy hay tantas formas de evolucionar que merece la pena parar a reflexionar sobre el siguiente paso. El modelo de trabajo ha cambiado y el éxito del autoliderazgo depende directamente del número de posibilidades que puedas generar. La diferenciación es clave en un mundo de sobreinformación. Buscar formas de destacar enfocándote en tus fortalezas, desarrollándolas al máximo nivel a través de formación o de la participación en proyectos, y generar una red de contactos es clave para dirigir tu carrera. No esperes a que los demás elijan por ti. ¿Cuántos profesionales ocupan puestos de responsabilidad porque “es lo que toca”? No dejes que te pase a ti.
Sólo desde la libertad de ejercer el liderazgo propio como punto de partida, podrás ser el elegido por otros como digno de seguir. Pues no olvidemos que el liderazgo es una competencia que sólo puede ser conferida por los demás.
Desde ese lugar la libertad se ejerce con los demás creando espacios para la reflexión, proporcionando lugares seguros para errar, dejando también a los demás que tomen las mismas decisiones sobre su autoliderazgo.

Arantxa Lozano cuenta con 15 años de experiencia en Recursos Humanos, liderando proyectos de talento, desarrollo profesional y gestión estratégica de personas. Es doble licenciada en Derecho y Administración y Dirección de Empresas, por la Universidad Autónoma de Madrid , con un Máster en RRHH (UAB) y un Programa Executive en Chief Happiness Officer (UNIR). Ha trabajado en el sector financiero y actualmente es Directora de Personas, Talento y Cultura en Grupo Gmp. Defiende que la productividad surge en entornos de bienestar y autonomía para el desarrollo profesional.