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Valores, la empatía. Una visión desde lo militar | David Cuesta

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6 octubre 2026
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Los valores siempre han ocupado un lugar destacado en la formación del militar y constituyen ese marco de referencia de la práctica castrense. Existen decálogos, espíritus e idearios que recogen valores nominales promovidos en la vida militar diaria, pero también actitudes que, sin aparecer siempre citadas, tienen un carácter transversal. Una de ellas es la empatía, conectada con el compañerismo, la lealtad y el espíritu de servicio.

Nos encontrábamos en Irak, en el marco de la Brigada Multinacional Plus Ultra I, desplegada en 2003 y formada por un contingente que incluía más de 1.300 militares españoles. El ambiente era tenso y se percibía en los gestos, los silencios y las miradas. Había riesgo y presión, pero el planeamiento debía continuar. La misión exigía preparar cada detalle y mantener unido a un equipo de distintas nacionalidades.

En aquella sala coincidían polacos, franceses, españoles y estadounidenses. Cada uno traía su cultura profesional y su forma de entender una reunión. Había discrepancias, porque los planes nunca son fáciles, y menos aún cuando se elaboran entre aliados con procedimientos, idiomas y sensibilidades diferentes. La escena representaba un mosaico multinacional, unos mascaban chicle; otros, tabaco de mascar; algunos comían un sándwich mientras escuchaban; otros permanecían en silencio, quizá esperando el momento adecuado para intervenir. Lo que para unos era natural, para otros podía resultar extraño.

Entonces tomó la palabra el coronel. Lo hizo con una introducción sencilla, serena y motivadora. No necesitó un discurso grandilocuente. Habló con claridad, dio sentido a la reunión y nos recordó que estábamos allí por una razón. Pese al riesgo, la misión tenía un propósito claro y formábamos parte de un esfuerzo común. Algo cambió en la sala. La tensión no desapareció, pero se estableció un foco compartido. Las diferencias culturales no se borraron, pero dejaron de ser un obstáculo. Cada uno seguía perteneciendo a su país, pero todos salimos con la sensación de formar parte del mismo equipo.

Con el tiempo comprendimos lo ocurrido. Aquel coronel era un maestro en la generación de empatía. Supo leer la sala, adaptarse a nuestras culturas y ganarnos para la misión. Podría pensarse que esa actitud tenía algo de sentimental o ajeno a la exigencia del mando, pero los militares sabemos que, en operaciones internacionales, la empatía es una competencia profesional. En Irak algunos aprendimos que la empatía militar puede ser una herramienta operativa para construir confianza y transformar la diversidad en eficacia.

La capacidad de comprender cómo piensa, comunica o confía el otro, sin perder la propia identidad, aporta un valor que puede resultar clave para el éxito. Muchas misiones se desarrollan con equipos multinacionales y aliados. Por eso, la empatía adquiere valor operativo directo al permitir reducir malentendidos o interpretar estilos de mando lo que sirve para generar la siempre necesaria confianza entre militares de tradiciones, doctrinas, idiomas y culturas distintas.

Hablar no consiste solo en hacerlo exclusivamente desde el prisma de lo que uno quiere decir, sino desde lo que el interlocutor necesita comprender, sentir o resolver. Esa es una de las claves de la comunicación eficaz, preparar el mensaje pensando en quien lo recibe, pura empatía. En una misión multinacional, esta idea resulta esencial, porque cada aliado interpreta la reunión, la crítica, el silencio, la confianza o el desacuerdo desde su propio marco cultural.

Más de tres décadas después de la primera participación española en operaciones de paz, no resulta extraño que los aspectos culturales formen parte de la formación y preparación de unidades. El liderazgo militar exige comprender que las diferencias culturales influyen en lo que las personas perciben, piensan y hacen. Como plantea Erin Meyer, se trata de «decodificar» esas diferencias. En términos militares, eso es liderazgo e interoperabilidad, no depende solo de radios, procedimientos o estándares OTAN, sino de la capacidad humana para entender cómo un aliado interpreta una orden, una reunión o una discrepancia.

La empatía exige comprender que comunicar no es solo hablar claro, sino asegurarse de que el otro ha recibido el mensaje en el marco cultural adecuado. No implica rebajar la exigencia, evitar decisiones difíciles o aceptar cualquier comportamiento por respeto cultural. La empatía no sustituye a la disciplina ni a la misión; las hace más eficaces en entornos donde la diversidad cultural puede ser ventaja o fricción. Preparar a los equipos implica trabajar casos culturales, conocer la cultura local, saber trabajar con aliados y dominar los procesos propios de cada misión. Si no se prepara al equipo, el silencio puede parecer desinterés; la crítica, deslealtad; todo desentendimiento por falta de conexión. Entrenar la empatía permite transformar la diversidad cultural en interoperabilidad real, cohesión y eficacia operativa.

David-Cuesta

David Cuesta es coronel del Ejército de Tierra. A lo largo de su trayectoria profesional ha desarrollado responsabilidades en unidades operativas, inteligencia, Estado Mayor, misiones internacionales y ámbitos vinculados a la seguridad y la gestión de situaciones complejas.

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